-¿En serio me estás diciendo que te vas porque me he comido un yogur?
-No, no te confundas… el yogur era sólo una cosa más de la lista.
-Ah espera… que hay una lista…
-¡Claro que hay una lista! Si no la hubiera empezarías a decir que no es verdad lo que digo y que me invento mis estúpidas cifras, y que si en serio me he fijado en eso… ¡Crees que estoy loco y disfrutas haciéndome sufrir!
-¡Carlos que sólo me he comido un yogur! – Ella sabía que hoy estaba siendo diferente. Carlos no volvería a los 59 minutos de marcharse como hacía siempre. Era consciente de que lo había llevado al límite en estas últimas semanas. En esta ocasión el Hotel en el que siempre reservaba una habitación cuando discutían no les devolvería el importe por pronto abandono-.
-¡Mentira! Te has comido el último yogur de la nevera, cuando sabes que yo me lo tomo todos los días a las siete, después de las tres nueces y la rebanada de pan integral con una cucharada de aceite. Llevas toda la semana boicoteando mi hora de dormir y de levantar. Piensas que no me doy cuenta, pero me echas una cucharada más de comida y manipulas mi pasta de dientes por las noches.
-Pero cariño eran sólo bromas. ¿En serio crees que eso es tan importante como para estropear nuestro año y medio de relación?
-¡Sí! Lo es porque no me tienes en consideración. Lo es porque te ríes cada vez que me ves contar las cerezas que me como, los centímetros del plato al cubierto y la cantidad de agua que es necesaria en mi vaso. Te burlas cuando alineo las cosas de mi mesa, cuando paso el estropajo con jabón 23 veces por el mismo sitio o cuando limpio mis zapatos a diario ¡Estoy harto Sandra!
-¿Qué estás harto? ¿Harto dices? Tú estás harto… no me lo puedo creer. ¿No has pensado nunca en que a lo mejor eres un poquitito obsesivo? ¿Qué más te da comerte 12 cerezas o 13? ¿Es que se acaba el mundo? ¿Y qué es eso de tener que lavar la ropa dos veces en la lavadora? ¿Es para asustar a los gérmenes que esperan a que te la pongas? Y lo de las nueces… que tienen que ser 3, que debe ser que si son 2 el mundo colapsa. ¡Ya está bien! ¡Que son locuras! ¿No te das cuenta de que no tiene ningún sentido?
-¿Ningún sentido? ¡Lo que no tiene sentido es tu caos de vida! Si no tienes ni idea ni si quiera de la cantidad de veces que vas al baño al día. Que vas ahí sometida al azar de tus apetencias y ni si quiera te planteas que podrías aprovechar mejor tu tiempo y vida. Estás tan loca que no te planteas tan siquiera el tiempo que pierdes en decidirte si el vestido rojo o los vaqueros azules. Eso sí que es estar loca. ¡Podría estar ardiendo el mundo que tú seguirías desaprovechando el poco tiempo que tienes!
-¿Pero qué dices?
-Que ¿qué digo? ¿En serio me lo preguntas? Digo que estás desequilibrada y que tu vida no tiene ningún tipo de sentido organizativo. Que derrochas tus oportunidades entre dilemas estúpidos de qué como, qué me pongo, cómo me maquillo, cuántas veces me perfumo y cuándo me voy a dormir. Que si dependiera de ti la especie se extinguiría entre quejidos de inconformismo. Y que ya está bien. Que el yogur ya era lo último y que ya no soporto más esta vida estrambótica de esperpento que llevas.
Carlos agarró con fuerza su maleta y tras girar dos veces la llave en la puerta, abrió y se marchó de aquella casa, dejando a una Sandra desencajada. Ella miró a su alrededor observando el perfecto envoltorio en el que se había convertido su casa. Casi podría decirse que era de diseño y todo se lo debía a él. Al loco maniático que acababa de abandonarla.
Tomó aire mientras las palabras resonaban en su cabeza. Pero… ¿y si tenía razón? Valoró el tiempo que empleaba en decisiones diarias y en todo el que Carlos se ahorraba. Tuvo presente la sencillez y simplicidad de sus actos y la complejidad de los de ella y finalmente se dio cuenta de que estaba confundida.
59 minutos más tarde, Sandra llamaba a la puerta de la habitación 206 del Hotel Continental. Carlos abría la puerta.
-Es verdad. 59 son los minutos exactos para volver a estar juntos. Me he dado cuenta de que llevas razón.