{"id":196,"date":"2025-06-28T09:30:00","date_gmt":"2025-06-28T07:30:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.lauradomarco.com\/?p=196"},"modified":"2025-06-27T16:35:11","modified_gmt":"2025-06-27T14:35:11","slug":"el-sonido-de-los-cascabeles","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lauradomarco.com\/?p=196","title":{"rendered":"El sonido de los cascabeles"},"content":{"rendered":"\n<p>Las grietas del suelo eran tan profundas que mis manos se pod\u00edan deslizar por ellas. Mis dedos, \u00e1speros y endurecidos por el trabajo de aquellas tierras ahora yermas, recorr\u00edan sus formas, llen\u00e1ndose del polvo rojizo que anta\u00f1o embarraba los cultivos. Alc\u00e9 la vista al cielo vacuo de nubes y me deslumbr\u00e9 con el sol arrasador que quemaba mi piel, a la vez que llevaba mis manos a mi abultado vientre, tan lleno de vida y a la vez tan vac\u00edo de sustento.<\/p>\n\n\n\n<p>Tl\u00e1loc nos maldijo. Por nuestra negativa nos conden\u00f3 a una eternidad de sequ\u00eda y aridez. Nuestros labios agrietados y despellejados clamaban por el agua de Chalchiuhtlique. Plegarias en vano, ya que, pese a sus esfuerzos, los r\u00edos hab\u00edan dejado de correr abundantes y plenos de vida. S\u00f3lo nos quedaba la infinita desesperanza y la muerte de aquella tierra que hab\u00eda sido el lugar de nuestros antepasados.<\/p>\n\n\n\n<p>Sab\u00eda que sus enfurecidas razones no se doblegar\u00edan ante nada, salvo por la ceremonia de sacrificio del \u00fanico ni\u00f1o de nuestro pueblo. Ese hab\u00eda sido el motivo por el que todo se hab\u00eda desatado, y ahora no encontr\u00e1bamos consuelo en nuestra perenne hambre. Pero sus cabellos negros destelleaban vida.<\/p>\n\n\n\n<p>La luna se hab\u00eda enamorado de su tez bru\u00f1ida por el sol y le acog\u00eda en su silencio por las noches, protegi\u00e9ndole de cualquier esp\u00edritu malintencionado. Fue \u00e9sta la que con su luz abri\u00f3 nuestros ojos y nos hizo detener el sacrificio del peque\u00f1o a Tl\u00e1loc en la cueva. En aquel momento, un rel\u00e1mpago atraves\u00f3 el horizonte y el sonido ensordecedor de los cascabeles del dios, fue lo \u00faltimo que escuchamos.<\/p>\n\n\n\n<p>Le dedicamos cantos, dise\u00f1amos vasijas, sacrificamos nuestros animales y suplicamos d\u00eda tras d\u00eda en su cueva. Pero, a pesar de todo y del llanto de Chalchiuhtlique, su clemencia segu\u00eda ausente. Nuestro preciado ni\u00f1o ahora mor\u00eda de hambre y sed. Sus carrillos se hab\u00edan consumido enmarcando facciones de dolor y sufrimiento. Las hondas noches negras de sus ojos, no brillaban estrelladas, y su cuerpo era mero pellejo recubriendo un esqueleto endeble y delicado.<\/p>\n\n\n\n<p>A pesar de la fragilidad de mi cuerpo, d\u00eda tras d\u00eda, sal\u00eda a buscar alimento. Mis pies se arrastraban en busca de alguna baya o de las hojas de alg\u00fan arbusto que pudiera llevar a la boca de mi pueblo. Pero no era suficiente. Sab\u00eda que mis fuerzas no pervivir\u00edan durante mucho m\u00e1s tiempo. Y cada sol que nac\u00eda intentaba alejarme m\u00e1s y m\u00e1s de nuestro asentamiento, con la esperanza de que otras zonas no estuvieran condenadas.<\/p>\n\n\n\n<p>Es d\u00eda ca\u00ed. Simplemente mis ojos se nublaron. Las fluctuaciones del sol en la tierra subieron hasta que me cegaron, y el aire entr\u00f3 en mi garganta quem\u00e1ndome y arras\u00e1ndome por dentro. De mis manos se resbal\u00f3 la bolsa de cuero vac\u00eda. Mis rodillas cedieron y se hincaron dolorosamente en el suelo. Mi cuerpo se diluy\u00f3 en el vac\u00edo mientras los rayos de sol bailaban con la muerte viva en mis ojos.<\/p>\n\n\n\n<p>Gir\u00e9 el rostro en un esfuerzo por no perder la vista y percib\u00ed como mis cabellos bru\u00f1idos se mezclaban con una tierra negra y profunda. Acarici\u00e9 la superficie sobre la que estaba tendida y acerqu\u00e9 mis manos pintadas al rostro. Mi piel a penas se entreve\u00eda entre tanta negrura. Era la cuna del rayo del dios. En un delirio esperanzado, dibuj\u00e9 con mis dedos nubes en el cielo, como noche tras noche hac\u00eda en la cueva de Tl\u00e1loc. Murmurando en un susurro las plegarias a su clemencia. Los himnos l\u00e1nguidos a su benevolencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Comprend\u00ed que si un sacrificio era lo que deseaba s\u00f3lo quedaba una posibilidad. Acarici\u00e9 el refugio en el que inquieta habitaba lo \u00fanico que pose\u00eda en esta existencia. Aquella alma condenada antes de encarnarse.<\/p>\n\n\n\n<p>Dolorosamente, una l\u00e1grima surc\u00f3 mis polvorientas facciones. Sin pensarlo la recog\u00ed y la llev\u00e9 a mis labios que gritaron por m\u00e1s. Palp\u00e9 a ciegas el suelo con mis manos hasta que encontr\u00e9 mi valija, e introduje mis pinturas hasta que mis dedos abrazaron el peque\u00f1o pu\u00f1al que llevaba. Cerr\u00e9 los ojos, ahora clementes por el llanto y perd\u00ed la noci\u00f3n del tiempo de la mano de un viento que me azotaba.<\/p>\n\n\n\n<p>Entre el delirio y la intermitente vigilia acerqu\u00e9 mi mano con el filo hasta mi vientre. Me detuve con su caricia sobre mi piel, y reun\u00ed las fuerzas para seguir pintando l\u00edneas negras en el cielo recitando mis s\u00faplicas. Guard\u00e9 silencio y simplemente empu\u00f1\u00e9 la obsidiana. Hice acopio de mis fuerzas, elev\u00e9 mi destino y el primer trueno son\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las grietas del suelo eran tan profundas que mis manos se pod\u00edan deslizar por ellas. Mis dedos, \u00e1speros y endurecidos por el trabajo de aquellas tierras ahora yermas, recorr\u00edan sus formas, llen\u00e1ndose del polvo rojizo que anta\u00f1o embarraba los cultivos. 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